A restaurant among nature ~ Un restaurante en medio de la naturaleza

Last Saturday we went for a tour. We got into the car and took the GC-2 towards Agaete.It’s an entertaining road: curves, ravine and sea, landscapes that take the hiccups away. Native vegetation and a blue sea that invites you to dream. The reason for the trip was a reservation to eat at Los Almácigos Restaurant, in the Guayedra ravine. They have opened 4 months ago and it has an electric car recharging point, essential for us who come from the southeast of the island. It is accessed through a door in one of the curves of the Carretera General Agaete-La Aldea around km 5. A golf cart approaches and a friendly employee of the site invites us to accompany him. When we tell him that our car is electric, it makes us a space between the other electric golf cars so that we can park ours in front of the charger. Car loading, mission accomplished.

The first impression of the place is that it does not clash with the surroundings at all. Stone constructions, thatched roofs, rustic elements, but with modern, functional and aesthetically pleasing touches. In the surroundings there are explanatory posters about the fauna and flora of the place, chickens and roosters, a large pond with ducks and another small one some little fishes that will interest the little ones.

The tables are located outside under a natural parasol. But there are also tables inside a kind of huts (with a fan inside), another area of ​​alpendres and an event space with several tables, a small stage with lectern and waterfall in the background suitable for any event. Chaise lounges, hammocks, armchairs-very curious in beautiful places here and there. All the details (such as the bathroom sink and mirror) show that the elements were designed with a functional sense but also aesthetic according to the environment.

The chosen day was one of the hottest days of last August. Still, the air ran and in the shade we ate quite well. Carpaccio de beterrada: fresh with acid touches thanks to the capers and pickles. A grilled octopus on green salad: a classic Canarian that does not disappoint. Zucchini cream for the little one: he left no trace on the plate. Rice with vegetables and mushrooms: perfect option for my mother who wanted to eat something that would not affect her already battered stomach that the poor had been carrying since the previous day. I treated myself with a honeyed rib of black pig: at its point, delicious and accompanied by black potatoes. Another dish chosen was the pressing of black pig with mashed sweet potato from Lanzarote: exquisite from the first bite. And a huge amount of beer without alcohol and water. A roasted apple and chocolate mousse for dessert were our classic choice among other options a bit more authentic that the waitress explained to us apart from the menu. The food was sufficient, tasty, well presented and in general the prices are accessible.

Conclusion: a beautiful place to arrive early, eat, enjoy the landscape and take a rest at any corner that Los Almácigos restaurant offers. And, why not, spend the afternoon in the company of a good Gin&tonic.

+++

El sábado pasado nos fuimos de excursión. Nos montamos en el coche y cogimos la GC-2 hacia Agaete. De por sí es una carretera entretenida: curva y contracurva, barranco y mar, paisajes que quitan el hipo. Vegetación autóctona y un mar azul que invita a soñar. El motivo de la travesía era una reserva para comer en el Restaurante Los Almácigos, en el barranco de Guayedra. Han abierto hace 4 meses y tiene punto de recarga para coche eléctrico, esencial para nosotros que venimos desde el sureste de la isla. Se accede por una puerta en una de las curvas de la Carretera General Agaete-La Aldea alrededor del km 5. Un carrito de golf se acerca y un simpático empleado del sitio nos invita a que lo acompañemos. Cuando le decimos que nuestro coche es eléctrico, nos hace un espacio entre los otros carritos eléctricos para que podamos aparcar el nuestro frente al cargador. Coche cargando, misión cumplida.

La primera impresión del lugar es que no desentona en nada con el entorno. Construcciones de piedra, techos de paja, elementos rústicos, pero con toques modernos, funcionales y estéticamente agradables.En los alrededores hay carteles explicativos sobre la fauna y la flora del lugar, gallinas y gallos, un gran estanque con patos y otro pequeño con pececitos que interesará a los más pequeños. 

Las mesas están ubicadas en el exterior bajo unas sombrillas de esterilla. Pero también hay mesas dentro de una especie de chozas (con ventilador dentro), otra zona de alpendres y un espacio para eventos con varias mesas, un pequeño escenario con atril y cascada de fondo apto para cualquier acontecimiento. Tumbonas, hamacas, sillones-jaula muy curiosos en preciosos rincones aquí y allá. Todos los detalles (como el lavabo y espejo del baño) demuestran que los elementos fueron pensados con un sentido funcional pero también estético acorde con el entorno.

El día elegido fue uno de los más calurosos del pasado agosto. Aún así, corría el aire y a la sombra comimos bastante bien. Carpaccio de beterrada: fresquito con toques ácidos gracias a las alcaparras y pepinillos. Un pulpo a la brasa sobre ensalada verde: un clásico canario que no defrauda. Crema de calabacín para el pequeño: no dejó ni rastro en el plato. Arroz con verduras y setas: perfecta opción para mi madre que quería comer algo que no afectara a su ya maltrecho estómago que la pobre acarreaba desde el día anterior. Yo me lancé con una costilla melosa de cochino negro: en su punto, deliciosa y acompañada de papitas negras. Otro plato elegido fue el prensado de cochino negro con puré de batata de Lanzarote: exquisito desde el primer bocado. Y una ingente cantidad de cerveza sin alcohol y agua. Una manzana asada y mousse de chocolate de postre fueron nuestra elección clásica de entre otras opciones un poco más auténticas que la camarera nos explicó que había fuera de carta. La comida fue suficiente, sabrosa, bien presentada y en general los precios son accesibles.

Conclusión: un sitio precioso para llegar temprano, comer, disfrutar del paisaje y los rincones de descanso que ofrece el restaurante Los Almácigos. Y, por qué no, pasar la tarde en compañía de un buen GinTonic.

San Cristóbal, Las Palmas. A fishermen neighborhood ~ Un barrio pesquero

San Cristóbal is a fishing district, one of the oldest in Las Palmas de Gran Canaria. The access is by the GC-1 from the south, entering a couple of streets you can leave the car in a parking lot. The castle of San Cristóbal, was formerly known as the Torreón de San Pedro Mártir. Its mission was to prevent the landing of enemy troops on these beaches, then in those days were deserted south of the city. It was built around 1577, and appears in all the oldest maps of the city. It was always considered of great importance for the defense of the capital. It decided attacks of pirates, such as that of Francis Drake in 1595 and that of the Dutch Van der Does in 1599. In the ten hectares occupied by the neighborhood 600 people live . Most humble self-made houses painted with intense colors.

This time we ate at Chacalote: super-fresh carabineros, razor clams and arroz caldoso (rice). Never disappointed by this restaurant that has been open for 36 years in this neighborhood. In addition to this restaurant, there is the Cofradía de Pescadores, very economical; Miramar, with the best views; Los Botes, with a large terrace; El Atlante, in a large house next to the pier; La Marea and El Cantábrico, the last one on the promenade.

+++

San Cristóbal es un barrio pesquero, uno de los más antiguos de Las Palmas de Gran Canaria. Se accede por la GC-1 desde el sur, adentrándose un par de calles se puede dejar el coche en un parking improvisado. El castillo de San Cristóbal, se conocía antiguamente como el Torreón de San Pedro Mártir. Tenía como misión evitar el desembarco de tropas enemigas por estas playas, entonces en aquellos tiempos eran desiertas al sur de la ciudad. Se construyó alrededor de 1577, y aparece en todos los planos más antiguos de la ciudad. Se consideró siempre de gran importancia para la defensa de la capital que decidió ataques de piratas como los más sonados, como el de Francis Drake en 1595 y el del Holandés Van der Does en 1599. En las diez hectáreas que ocupa el barrio viven 600 personas. La mayoría en humildes casas de autoconstrucción pintadas con intensos colores.

Esta vez comimos en Chacalote: unos carabineros súper frescos, navajas y arroz caldoso. Nunca defrauda este local que lleva 36 años abierto en este barrio. Además de este restaurante, están la Cofradía de Pescadores, muy económico; Miramar, con las mejores vistas; Los Botes, con una gran terraza; El Atlante, en una casona junto al muelle; La Marea y El Cantábrico, el último del paseo.